Sentí ese dolor infinito en el pecho al no saber de él.
Me pregunté:
-¿Donde está?
No adquirí respuesta...
-¿Alquien me puede contestar...?
Seguía todo en silencio.
Decidí seguir adelante.
Y entonces, me paré de golpe. Pensé y me pregunté:
-¿Y por qué no...?
¿Por qué no decir sí?
¿Por qué no negar el suceso?
¿Por qué no tener que decir lo que pienso?
¿Por qué no sentirme bien?
¿Por qué...

No hay comentarios:
Publicar un comentario