07:16
<<Ha llegado la mañana. En un hospital el amanecer es distinto, un frufrú de sábanas, gente que se frota los ojos. En cierto sentido, un hospital nunca duerme. Las luces nunca se apagan del todo y las enfermeras siempre están despiertas. Ahora se nota que el hospital se despereza. Los médicos han vuelto, me abren los párpados, me apuntan con sus linternas y fruncen el ceño al garabatear anotaciones en mi gráfico, como si los hubiera decepcionado.
Ya no me importa. Estoy cansada de esto y pronto todo habrá terminado. [...]
Después de marcharse Kim no he recibido más visitas. Supongo que Willow ya no tiene a nadie más a quien mandarme para que me convenza. Me pregunto si este asunto de desidir es algo de lo que son concientes todas las enfermeras. Desde luego, Ramírez lo sabía. Creo que la enfermera que tengo ahora también lo sabe, a juzgar por lo mucho que se alegra de que haya sobrevivido a la noche. Y Willow, por el modo en que ha estado enviándome gente. Todas me caen muy bien. Espero que no se tomen mi decisión como algo personal.
Estoy tan cansada que apenas puedo parpadear. Es sólo cuestión de tiempo, y una parte de mí se pregunta por qué aplazo lo inevitable. Pero en realidad lo sé: Estoy esperando a que vuelva Adam. Me parece una eternidad, pero seruramente no hace más de una hora que se ha ido. Y me ha pedido que le espere; por tanto, esperaré. Es lo menos que puedo hacer por él.
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Tengo los ojos cerrados, así que lo oigo antes de verlo. Oigo sus rápidas y roncas inhalaciones. Jadea como si acabara de correr un maratón. Luego huelo su sudor, un limpio olor a almizcle que yo embotellaría como perfume. Abro los ojos. Adam ha cerrado los suyos; sus párpados enrojecidos e hinchados me revelan lo que ha estado haciendo. ¿Por eso se ha ido?¿Para llorar sin que lo viera?.
Más que sentarse, se desploma en la silla, como un montón de ropa amontonada en el suelo al final de una larga jornada. Se cubre la cara con sus manos y respira hondo varias veces para sosegarse. Al cabo de unos instantes, deja caer las manos en el regazo.
-Escucha - dice con voz que suena como metralla
Abrolos ojos bien abiertos. Me siento lo más erguida posible. Y escucho.
-Quédate - Tras esta única palabra se le quiebra la voz, pero traga saliva y prosigue - No hay palabras para lo que te ha ocurrido. No hay nada positivo. Pero tienes algo por lo que vivir. Y no estoy hablando de mi. Es... no sé. quizá esté diciendo gilipolleces. Sé que estoy conmocionado. Aún no he asimilado lo que les ha ocurrido a tus padres y a Teddy... - Al pronunciar el nombrede mi hermano, la voz se le quiebra y las lágrimas le corren por las mejillas. y yo pienso: "Te quiero"
Respira hondo para serenarse y enseguida continúa:
-Lo único que se me ocurre es lo jodido que sería que tu vida terminara aquí, ahora. Quiero decir que tu vida se ha jodido de todas formas, para siempre. Y no soy tan estúpido como para creer que puedo arreglarlo, porque nadie puede. Pero no consigo hacerme a la idea de que no vas a envejecer ni a tener hijos, de que no irás a Juilliard ni llegarás a dar conciertos de chelo ante el gran público, para hacer que se estremezcan igual que yo cada vez que te veo sostener el arco, cada vez que me sonríes. Si te quedas, haré lo que quieras. Dejaré la banda, me iré a vivir contigo a Nueva York. Pero si necesitas que me aleje de ti, lo haré. He hablado con Liz, y dice que quizá volver a tu antigua vida sea demasiado doloroso para ti, que quizá te resultaría más fácil borrarnos a todos. Y eso sería ina mierda, pero lo aceptaría. Me siento capacitado para perderte de esa manera, si no te pierdo hoy. Prometo que te dejaré marchar. Pero has de quedarte.
Finalmente, se deja llevar y sus sollozos son como puñetazos golpeando la carne viva.
Cierro los ojos. Me tapo los oídos. No quiero verlo. No quiero oírlo.
Pero entonces ya no oigo a Adam, sino un gemido grave que en un istante emprende el vuelo y se convierte en un sonido dulce. Es el chelo. Adam ha puesto unos auriculares en las orejas de mi cuerpo sin vida, y ha cololocado un iPod sobre mi pecho. Se disculpa diciendo que ya sabe que no es mi pieza favotita, pero que no ha podido conseguir nada mejor. Sube el volumen y oigo la música flotando en el aire de la mañana. Luego me coge la mano.
Es Yo-Yo Ma tocando el
Andante con poco e moto rubato. Las graves notas del piano suenan como una advertencia antes de que entre el chelo, como un corazón desgarrado.
Y entonces estalla algo desgarrado en mi interior.
Estoy sentada en la mesa, desayunando con mi familia, bebiendo café, riendo del bigote que le ha dejado el chocolate a Teddy. Fuera hay una tormenta de nieve.
Estoy de visita en un cementerio. Tres sepulturas bajo un árbol en una colina con vistas al río.
Estoy tumbada con adam, la cabeza apoyada es su pecho, en la orilla arenosa del río.
La gente pronuncia la palabra "huérfana" y me doy cuenta de que hablan de mí.
Camino por las caller de Nueva York con Kim y los rascacielos proyectan su sombra sobre nosotras.
Tengo a Teddy sentado en las rodillas y le hago cosquillas, y él ríe tanto que se cae al suelo.
Estoy sentada con mi chelo, el que mis padres me regalaron después de mi primer recital. Acaricio la madera y las clavijas, que el tiempo y el roce han pulido. Tengo el arco apoyado en las cuerdas. Me miro la mano, deseando que empiece a tocar.
Yo-Yo Ma sigue tocando, y es como si el piano y el chelo se introdujeran en mi cuerpo igual que el suero y las transfusiones de sangre. Y por mi mente pasan rápidamente recuerdos de mi vida tal como era y destellos de la vida como podría ser a partir de ahora. Me siento incapaz de asimilarlos todos, pero siguen acudiendo, chocando entre sí, hasta que no puedo soportarlo. Ya no puedo seguir tal como estoy un segundo más.
Percibo un destello cegador, un dolor que me traspasa es un instante desgarrador, un grito silencioso que surge de mi cuerpo destrozado. Por primera vez, noto el indescriptible dolor que me abrumaría si me quedara.
Pero también noto la mano de Adam. No la percibo, la siento de verdad. Ya no estoy acurrucada en la silla. Me encuentro tumbada en la cama del hospital y he vuelto a unirme a mi cuerpo.
Adam llora y yo también lloro en mi interior, porque por fin siento las cosas. No sólo el dolor físico, sino tampién la pena por todo lo que ha pasado, y es tan profunda y devastadora que dejará en mí un cráter que nunca podré llenar. Pero también siento todo lo que tengo en la vida, que incluye lo que he perdido y todas las incógnitas de lo que pueda depararme el futuro. Y es demasiado abrumador. Las amociones se acumulan unas sobre otras, amenazando con desgarrarme el pecho. La única manera de sobrevivir en ellas es concentrarme en la mano de Adam aferrada a la mía.
De repente, necesito sujetar su mano más de lo que he necesitado nunca cualquier otra cosa. No sólo que él me la sujete, sino sujetársela yo a él. Comcentro todas las fuerzas que me quedan en mi mano derecha. Estoy débil y resulta muy duro. Es lo más duro que tendré que hacer en la vida. Trato de hacer acopio de todo el amor que he sentido, de toda la fuerza que me han transmitido los abuelos y Kim y las enfermeras y Willow. Apelo a los ánimos que me insulfraría mamá, papá y Teddy si pydieran. Apelo a mis propias fuerzas, dirigiéndolas como un rayo láser hacia los dedos y la palma de mi mano derecha. Imagino mi mano acariciando el pelo de Teddy, sujetando el arco sobre las cuerdas del chelo, entrelazando los dedos de Adam.
Y entonces aprieto.
Vuelvo a caer rendida, agotada, sin saber muy bien si acabo de hacer lo que creo. O si significa algo. Si se ha notado. Si importa.
Noto entonces que Adam me aprieta la mano con más fuerza, y es como si sujetara todo mi cuerpo. Como si pudiera levantarme de esta cama. Y luego oigo su exclamación ahogada, seguida por su voz. Es la primera vez que hoy lo oido de verdad.
-¿Mia? - pregunta. >>
DP:
Fragmento sacado del libro.